Las botellas desfilaban vacías en la arena, la conversación, la excitación, el grado de desinhibición era alto. Después de algunos joints le dieron ganas de ir al baño; detrás de una roca estaba bien. La bebida estaba haciendo su efecto, dentro de aquella gran cantidad de nuevos compañeros que veían cómo el horizonte se ponía más lejano y borroso. Era una tarde de aquellas en que cualquier cosa puede pasar.
Al salir de la roca, se pone a observar, el mar, el cielo, las nubes y pone atención al sonido de fondo. En el escenario recién había terminado una banda, mientras se arreglaban los instrumentos de la próxima. En música envasada, ponen Skalariak. La gente comienza a bailar en sus respectivos puestos, mientras Andrés avanza por entre medio para poder escuchar con mayor fidelidad las canciones (le gustaba Skalariak). Se dirige hacia el escenario por entre medio de sus nuevos colegas, observando a las chicas que bailaban con frenesí. Sin embargo, su atención es llamada por una niña voluptuosa que sin duda los efectos del alcohol ayudaban para tener una mayor legibilidad de su hermoso cuerpo, sus caderas, su CULOTE, era increíble!, grande pero no grosero.
Mientras caminaba, se podía sentir el bullicio de las personas al conversar, gritar. El sonido de los tambores y las danzas exóticas que solo son expresadas en un estado etílico máximo, se hacían evidentes. Se acercaba cada vez más, solo pensaba en darle un poco de compañía, preguntar alguna cosa entretenida, para luego… uno quien sabe. Completamente decidido, sin prejuicios más que su belleza, se acercaba a la chica. Cuando solo faltaba un par de metros se acerca un pelmazo, la abraza y la besa.
Andrés quedó afectado por tal acción tan repentina, sin embargo se da cuenta, de un momento a otro, que el pelmazo no era menos que el novio.
Las posibilidades de entablar una conversación seria con la chica, en esos momentos era realmente compleja, la actitud del pelmazo era la de un ganador. No era para menos, se estaba morfando a la mejor chica de la playa, la chica más linda de la universidad –al menos por ese día y con efecto directo de alucinógenos–.
Cuanto más se acercaba Andrés, con mayor definición podía ver el trasero de aquella chica. Pero no había nada qué hacer… solo podía ver. Podríamos decir que es algo parecido lo que se plantea en la jerga futbolística (en alusión a las copas de campeonatos), ese culo “se mira pero no se toca”. Sin embargo, para Andrés nada era imposible esa tarde.
Con mucha confianza se acerca a la pareja con un solo objetivo en su mente. En el momento de pasar por el lado de la chica, con un gesto técnico que solo tienen los profesionales, le toca el atlético trasero. Fue casi una palmadita con un sutil apretoncito proporcionado mecánicamente por el dedo pulgar y el indice de su mano derecha. Mientras la pareja se daba un beso.
Nada era imposible.
Andrés, después del primer momento más deleitoso de la tarde, se pone a caminar. Siguiendo el sabio consejo que le dio un amigo: “camina fuerte y con mirada al horizonte. Si algo te preguntan; ‘hacete boludo loco. hacete boludo!!’”.
Ya había pasado un par de metros cuando repentinamente siente que le tocan el hombro y, al instante, escucha una voz enfuscada de hombre preguntado:
–¡¡¿TU LE TOCASTE EL CULO A MI MINA?!!
Se notaba un poco de impotencia en aquellos gestos.
Andrés, con mucha tranquilidad y siguiendo el sabio consejo, decide preguntar:
–¡¡¿¿Cuál mina??!!
–esa que está ahí. –señala el joven a la escultural niña, que miraba con cara de desconexión
–jamás la había visto loco, y no podría hacer algo como eso y menos con el pololo al lado. huevon te lo juro por diosito que no lo hice! –con un gesto que realmente rayaba lo patético para un agnóstico, se lleva la mano derecha empuñada a la boca, mientras besa los dedos pulgar e índice para luego apuntar al cielo seguido con una mirada a la nubes, como mirando a dios.
La reacción que se podía esperar de aquél gesto era variada, sin embargo la sorpresa de Andrés fue máxima al recibir una cariñosa tomada de mano, por parte del pelmazo, y un abrazo fraternal. De esos que se dan los amigos del alma, de esos que uno se da cuando no ve a una persona por mucho tiempo. En el momento del abrazo el sujeto le dice a Andrés:
–Disculpa loco, la dura que eres muy buena onda.
Era un gesto de fraternidad. Andrés replica:
–Tranquilo, pero trata de ver bien.
Andrés, con una felicidad que desbordaba su boca, se retira hacia el escenario esperando más sorpresas esa tarde, estaba recién comenzando.